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miércoles, 25 de octubre de 2017

SOMOS EL RESULTADO DE NUESTROS LATIDOS

Cuando tiemblas en el silencio de la noche
el aire se te va entre las horas lentas
y viene la bocana fresca
te expande el cuerpo y el alma
entre los astros danzas para celebrar
cada una de las respiraciones.

Somos el resultado de nuestros latidos
repartidos en los corazones generosos
de los que son eco de su estruendo
en la lluvia de estrellas fugaces.

Fragmento de: Luz y fuente de vida.
Irma Ariola Medina ©      
Fotografía. Google.








martes, 26 de septiembre de 2017

SILENCIO Y ASOMBRO.


Silencio, que no me hable la noche
no soporto el olor del dolor ajeno ni el propio
ante tanta ingratitud al ser humano…

Silencio,
¿Por qué no te callas con tus gritos?
Eres el eco de la prepotencia resumida
en el instante vivido como eterno
de frío y asombro,
ante los ojos de todos se callaba prudencia
gemía su pecho de tanta desazón.
Era una más que estorbaba para algunos ingratos
y para otros era mera pieza de la obra.
Era una más
o una menos…
Sentía a la ingratitud aliarse con la falsedad,
la pieza sonaba de fondo ante tanto bullicio.
Era una partitura llena de grietas en la tabla del amor,
tantos agujeros clavados con sus desaires
desaparecieron algunas notas.
Se cayeron al suelo
ya no interesaba recogerlas
eran pasado
ya su melodía había sonado.

Sensatez las recogió con dolor
y las abrazó entre tanta mentira.
Todos los instrumentos eran necesarios
para que sonara la melodía.

Silencio,
¡Que nadie te hable ahora!
Ni los ingratos ni los mentirosos
ni los que te lloran por delante
y te ofenden por detrás.
Eres siempre el mismo:


Silencio.

.Irma Ariola Medina

Foto: Google




miércoles, 19 de abril de 2017

MAESTRA Y PASAJERA EN LA TRAVESÍA


Hay momentos tan históricos en la vida del ser humano que merecen un aplauso. Son esos en los que en un instante, te das cuenta que el viaje en solitario durante la travesía es necesario para empaparte del agua que salpica por la borda entre la bravura del océano y los rayos del sol que te calientan mientras, meditas la vida y sus circunstancias. Hay una mujer con la mirada perdida en la proa buscando el horizonte, soñando de que llegará pronto a puerto. Es cuestión de paciencia y tiempo. No necesita consejos, ni fuga de ideas ajenas, sólo el silencio y la perseverancia en la travesía sin miedo al viaje. Todo llega en su momento y entre sus pensamientos observa la soledad, maestra y pasajera imprescindible del barco para llegar a buen puerto.
La bandera del barco es el amor que lleva en su corazón
como valentía y fortaleza instaurada en sí para ser sal de vida entre las gotas del mar.

Irma Ariola Medina ©  
Fotografía: Google